Por: Dionny
Natalia Pérez Pérez
Para ser franca
los libros de superación personal no son los que más me atraen, particularmente
porque tengo varios prejuicios alrededor de ellos, en primer lugar porque la
gran mayoría desarrolla sus contenidos a manera de “recetas” para ser exitosos
en la vida, cuando el éxito resulta ser muy subjetivo para cada persona y es
difícil establecer una fórmula mágica, más aún cuando de partida el ser humano
es impredecible por naturaleza. En segundo lugar, muchos de los autores, llevan
una vida que no es un claro reflejo de lo que escriben o aconsejan, por tanto su
incoherencia me resta credibilidad y el resultado es que opto por elegir otro
tipo de obras. Sin embargo, esta vez quise apartar mis prejuicios y darme la
oportunidad de leer “Acres de Diamantes” de Russell Herman Conwel, abogado y
escritor de Estados Unidos y fundador de la Universidad de Temple en Filadelfia.
Al concluir su lectura pude hacer interesantes reflexiones para mi vida y que
ahora comparto con ustedes.
En resumen, el
libro se desarrolla a partir de la historia de Ali Hafet, un granjero rico y
ambicioso que siempre quiso tener más. Al darse cuenta que los diamantes eran
tan valiosos vendió sus pertenencias para viajar en busca de ellos por todo el
mundo, pero fue una búsqueda fallida y terminó quitándose la vida. Mientas esto
pasaba, el nuevo dueño de su granja descubrió una extraña piedra, un diamante y
se llevó una sorpresa al descubrir que la granja estaba literalmente
llena de ellos.
A simple vista
parece una historia sencilla, pero tiene un trasfondo mayor. Como Ali Hafet hay
millones de personas que pasan la vida
deseando el éxito ajeno, cuando hay muchas de ellas que desean el nuestro y nosotros
mismos no reconocemos que somos exitosos, esto sucede porque crecimos en una
sociedad que ha tratado de asociar el éxito con la fortuna y la posición social,
por eso la gente se la pasa buscando incesantemente el trabajo ideal, la
relación ideal, en el que puedan obtenerlo todo; deseando siempre el puesto de
otros o lo que es peor, la vida de otros, simplemente porque lo creen mejor,
sin detenerse por un minuto a examinarse, autoanalizarse, explorarse y reconocer
sus propias capacidades, potencialidades o “diamantes”, como metafóricamente
las denomina Conwell y que muchas veces
caemos en el error de buscarlas afuera de nosotros mismos como si se tratara de
fuerzas superiores o un asunto de suerte.
Ahora bien, pensar
en ser exitosos para algunos puede ser trivial, pero en realidad es el anhelo
de toda persona, llegar a serlo en el
campo personal, laboral y espiritual; pero creo que el ser humano se está dejando
deslumbrar por la materialidad y está perdiendo la capacidad de disfrute de la
vida, de su entorno, de lo simple, de lo pequeño, su espiritualidad se ha
vuelto un asunto secundario y es ahí donde el hombre necesita recobrar su
equilibrio porque como dice Jeff Merchand en su obra “Antología del trabajo y
del esfuerzo humano” “cada persona debe crearse su propia filosofía de la vida
y dedicarse a prosperar en un clima de libertad”, es decir, sin ataduras, sin
ponerse límites, porque las oportunidades aparecen en cualquier momento, por
pequeñas o grandes que parezcan hay que aprovecharlas y para ello se necesita
de una actitud mental optimista y entusiasta.
Preguntarse por qué es el éxito desde mi propio camino, sentido, deseos y cómo afectan los patrones culturales es muy importante para la satisfacción laboral. Yo postulo que si uno se compra un juicio sobre el éxito ajeno, finalmente aparece la frustración.
ResponderEliminar¡vamos a hablar del éxito en clase!